Cuando las lunas rojas de ira se volvieron al cielo,
con gritos sordos de angustia cubrieron cual manto la tierra. Los gritos de aquellos que se consideraban humanos
se tornaron un vendaval de clamores, suplicas y desconsuelo. Los hijos del
viento alzaron sus brazos y se sublimaron ante el dolor, la fuente de la eterna
felicidad, vociferando –los que se fueron- una y otra vez, sin desprender la
mirada del suelo, anclándose a la tierra en busca de resguardo. Incluso la
muerte rondaba a su lado, pero no susurraba, más bien cuidaba de que nadie
quisiese su compañía, desconfiaba de aquellos y de sí misma, sintiéndose insignificante
bajo asas nubes de mortuorio carmesí, vibrantes y colosales, vaticinando el
final del tiempo, del espacio, de la pseudorealidad, o tal vez despertaría la
verdadera naturaleza, esa que se encontraba en el letargo que permitió al
humano destruirla, despertaría en un cataclismo sin precedente, el ultimo
despertar.
Ojos, dientes, dios de inocentes,
pies descalzos, olores de y para siempre. El hombre del fin es quien no
consiente su propia muerte, las voces de ayer son las que hoy siembran rumores
de tensión, la canción de lo que vendrá, de lo que ya paso, el tiempo se vuelve
irregular, las ansias del apoteósico final subleva al piadoso buscando su
salvación, aplastando al prójimo sin más. El que no creía reza de par en par. Lo que confunde es la inminente verdad. Agobia el cielo con su tempestad.
Cuidado, cuidado, el llamado se aproxima, nadie sabe que esperar, un ángel, la
muerte, dios, o el diablo no importa nada ya, que aparezca de su refugio para
adorarle hasta el final, si es que así se pudieran salvar.
Los vientos anuncia la gran batahola, los dioses han muerto, el todo poderoso, la envidia, el ego e incluso el dinero, los hombres se refugian en el que pronto llegara, ¿pero quién será?,¿quién sabe la verdad, los profetas dónde están?, oigo su andar de estruendo y sudor, la lluvia sobre mi piel es caliente y acida como la hiel, charcos de tinto sangre a mi alrededor reflejan mi cara sin expresión, se lo está por pasar la venida de él y de nadie más, el amo de las conciencias, de lo efímero y lo eterno de la vida y la muerte ¡Oh salve Leviatán!- se oye el rugir de sí mismo aclamándose en su infinito ego, con voz similar al trueno. Los que se consideraban humanos y los hijos del viento se postraron reviviendo la fe, que antes fue para otros, y nunca más nadie oyó decir una palabra, el silencio fue el clamor más inmenso, donde le ruego y los cantos estaban perdidos bajo la voz del nuevo padre eterno.
Entonces todo perdió su real sentido, la escasa cordura abandonó a la llamada humanidad, los hijos del viento abandonaron la luz de la verdad, olvidaron la razón y se encerraron en la funesta alabanza a Leviatán, la última divinidad. El único propósito de vivir de aquellos que nunca quisieron volver a despertar, segados por su fulminante luz, que oculta la las tinieblas de su egocéntrico afán, ¿es acaso el cielo el único testigo de este final? Entre los sonidos de su respiración se despide el tiempo, olvidando toda intención de buscar la verdad. Ahora la sangre será como en el pasado la única ofrenda de fidelidad, el dolor y la muerte recuperan su lugar, las más grandes muestras de amor aun dios que supo robar a cada uno de sus seguidores las ansias de escapar, porque sea como fuere ya nada será igual, bajo las lunas de rojo sangre que nunca se marcharan.
1 comentario:
solo algunos pueden deleitarc con palabras del cielo ...y solo algunos pueden gozar de palabras de las raices del suelo... la oscuridad cesar solo algunos la ven con claridad es asi como existe la magia y el arte para crear estos universos tan hermosos ...
llegaran dias de lluvia que derretiran todo a su paso y los senos de la tierra vomiten tanta amargura que le ha entregado el misero hombre
que ama a cristo y qe no ama cosas mas importantes como la diosa...naturaleza
saludos
catherine!
ave cesar...
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