lunes, 5 de septiembre de 2011

El tiempo del hombre

y de las sombras se parió el amanecer
del día, el tiempo con sus horas y segundos
conprendiendo la inmensidad, la carencia del vació
las incontenibles odiseas de silencio
dando paso al estrepitoso salto a la vida
devorando cada milímetro de la existencia
en el seno sublime de saber
arrebatando posibilidades al azar
rompiendo las ataduras de la dolencia
atrapando a la fiera de la pasión
construyendo a manos llenas el destino incesante
como parábola de inquietos mares
en contacto con un cielo que no se sabe a si mismo
tejiendo el edredón de la vida
así es como despierta el hombre en campos de conciencia.

No hay comentarios: